Como diría Bender, volvemos en breve. Entre viento excesivo, lluvia necesaria, pero excesiva, y viajes varios, llevamos una temporada sin tocar aire pero eso se acabará, espero, en unos días.
Manténganse a la escucha…
Diario de Mamaire y Ninioviento
Bueno bueno bueno, otro buen día, poco viento pero también tiene sus ventajas, los niños han podido probar más tranquilos, Charlie se ha quedado totalmente enganchado, suerte que su cumpleaños es en enero porque quiere un blokart (quieroquieroquiero). Ninioviento se ha estrenado en solitario, no ha llegado a coger velocidad pero le conozco como si le hubiera parido (ay que tonta! si le parí yo) y sé que el simple hecho de ir por su cuenta ya le hace sentir el rey del mundo. Joan, el tercer debutante, ha tenido menos suerte puesto que el viento ha cerrado para comer cuando llegaba su turno, aún así, Santi ha tenido el detallazo de empujarle para que al menos diera alguna vuelta y sólo con eso ya le ha cogido el gusto al tema.
Yo por mi parte he pecado de ilusa intentando mover un blokart con vela de dos metros, con la ausencia de viento, ha sido como intentar que una vaca surque el Mediterráneo en un “Optimist” en plena madrugada (brisa cero), al menos he hecho piernas porque lo que es volver, he vuelto marcha atrás y “remando” con ellas.
Aquí están las pruebas gráficas de hoy:
Ninioviento atento a las explicaciones de Santi.
”Bautismo” de Charlie… (“y esta vela nos va a mover a los dos?”)
Joan y Ninioviento calentando motores.
Charlie con su madre, Beatrice, admirando el muro de la fama.
Ahora me explico, que parece un título muy rimbombante pero tiene su lógica. Me gusta comerme la cabeza, lo hago a todas horas, e incluso en algunas ocasiones saco reflexiones, algunas de ellas, pocas, llegan a tener sentido y de estas últimas, hasta me da por escribir como es el caso que nos ocupa.El placer de no tener el control, a eso he llegado pensando en el blokart, estaba haciendo tiempo ante el ordenador (otra de mis pasiones, para que voy a negarlo si es obvio) y de pronto he recordado la primera vez que galopé sobre un caballo, debía tener unos 12 años, iba con mi amiga de la infancia, Denise, su padre, Peter, nos había llevado a un rancho en Esporles para dar un paseo en grupo, recuerdo que después de un buen rato de pasear por caminitos angostos en los que nos las veíamos y deseábamos para que los caballos no resbalaran, llegamos a una gran esplanada, estábamos todos en fila ante ella, como secuaces de Billy El Niño a punto de emprenderla a “yeehaas” y tiros en el poblado que teníamos delante, sólo que no había poblado, sólo espacio.
El monitor dio la salida adelantándose con su yegua y los demás les seguimos, recuerdo que un segundo antes Denise me dijo “ahora vamos a galopar” y yo me sentí como si me hubiera dicho “ahora vamos a despegar hasta el cielo, giraremos haciendo un loop alrededor de la luna, chocaremos los cinco cuando coincidamos y volveremos aquí sin habernos despeinado las trenzas”… Y fue… algo parecido, sólo que el que giró fue mi estómago, como cuando te gusta tanto tanto una persona que te produce la sensación de estar viviendo en un ascensor de El Corte Inglés (de los que se para en cada planta).
La primera vez que cogí algo de velocidad con un blokart, fue igual, me estaba moviendo sin ayuda de un motor, sólo con energía natural, el viento, como las patas de aquel caballo, con un tipo de energía sobre el que puedo tener algún control si sé utilizarla a mi favor, pero que nunca podré imponerme al 100% porque para algo es natural y por eso la sensación de libertad es aún mayor, aunque tampoco tenga control sobre ella, pero me basta con sentirla, y cuando sientes algo que te llega tanto, es una gozada no poder controlarlo, (¿quién quiere hacerlo?) .
Dentro de un rato estaremos por el aeródromo dando unas vueltas, no sé si el día nos acompañará pero sé que Ninioviento está que se sale ante la idea de ir y además hoy veré el “estreno” de Charlie y Joan, dos niños de 10 años que andan curiosos con el tema, fotos y comentarios más tarde…
Un día genial, en mi cruzada pro-blokart, he arrastrado a Begoña, su estupendo Jordi, y el hijo de ambos, Lluc, aunque aún es pequeñito, dos años, para esto pero nunca es demasiado pronto para ir enamorándose de un deporte y más si se trata de éste.
Seré breve, más que nada porque antes he estado casi media hora escribiendo y los de WordPress me han jugado una mala pasada, toda mi inspiración se ve anulada ante la adversidad de los elementos y misterios de la informática porque del post de antes ha quedado el título.
Nada más llegar he saludado a Tolo, me ha dicho “soy Javier”, pero me da lo mismo, son dos tipos fantásticos, luego ha aparecido el verdadero Tolo y se ha llevado a Ninioviento en un biplaza mientras me decía “tú síguenos”, lo cual ha sido difícil porque aunque tengo lastre corporal, ellos eran dos, así que seguir a alguien que tienes detrás y sin retrovisores, se me hacía raro pero más o menos he cogido el truco, lo básico es no ponerte de cara al viento, te paras… (un momento que guardo esto porque si me vuelve a pasar lo de antes me suicido… ya), y algo importante, de ahí el título de este post, es difícil, pero puedes volcar, y si lo haces, NO PASA NADA, te caes, nada más, pero… por qué me he caído? PUES PORQUE SOY IDIOTA, veamos, si la rueda trasera izquierda comienza a elevarse, hay que hacer contrapeso y “soltar cuerda”, qué he hecho yo? Pues todo lo contrario, agarrarme fuerte del cabo y poner cara de actriz de cine mudo mientras me apartaba de la rueda “uy, que viene”, y ploff. Pero en serio, no pasa nada, humillante… Sí.
Después he cambiado al biplaza con mi hijo y lo hemos pasado en grande, he comprendido que los giros cerrados te ayudan a no perder velocidad y además te dan un subidón impresionante, y sobre todo, esa sensación, el aire en la cara, mirar hacia arriba y ver la vela contra el cielo, lástima que hay que mirar hacia delante, porque me hubiera quedado un buen rato así.
Gracias Tolo, gracias Javier, cada día nos gusta más.
Aquí os dejo un par de fotitos…
”Tuotraizquierda” con su hijo, Víctor, apasionándose por momentos…
16 Febrero 2008
Segundo sábado que nos hemos dirigido hacia el aeródromo en Binissalem, esto se está empezando a convertir en un vicio, hace un día estupendo, y aunque no tengo ni idea me parece que hay buen viento (luego me confirmaron que no tengo ni idea, pero no adelantemos acontecimientos).
La sensación que tienes estando allí, sin menospreciar a los demás, nada más lejos de mi intención, es de paz, la carreterita que pasa por delante suele ser tranquila, muchos ciclistas, la sierra de la Tramontana al fondo, el aire tan limpio y sin ruido, sólo los “flop flop” de las banderas y alguna vela… Una gozada.
Hoy hemos invitado a Rob y su hijo de siete años, Jona, al llegar estaban haciendo unas regatas y sin problema nos hemos quedado mirando e intentando aprender un poco mientras los niños corrían por ahí.
Cuando han terminado hemos sabido que no había viento favorable, al menos no para dejar que los niños empezaran solos, ya que son novatos novatos, pero que podíamos probar nosotros, así que nada, me he lanzado, el Pirata me ha explicado cuatro conceptos básicos, (la verdad es que podría dedicarse a la enseñanza), de todo lo que me dice lo que más se me queda es “si ves que vas a volcar, suelta del todo”, al principio tienes miedo de que eso ocurra, luego le coges el gustillo y deseas poder volar con ese trasto.
Cabe destacar la sensación de velocidad, es como ir por un tobogán horizontal, lo ves todo pasar cerca y te crees un Alonso del viento, claro que luego no vas tan rápido y los demás desde fuera se parten viendo el entusiasmo que puede provocar el ir a 30kms/h.
La semana que viene estamos castigados, ya que nos abandona un rato el monitor, pero aquí seguimos, contando los minutos que faltan…
Ninioviento esperando una ráfaga favorable.
Dream Team
Mayer, alias “tu otra izquierda”
Rob “Kiwi”, lo lleva en las venas metido a fondo.
El Pirata (así es como resulta que llaman a Santi) me informó de que hoy iban a hacer un par de regatas (que raro me suena eso de hacer regatas en tierra) y que nos pasáramos a echar un vistazo por el aeródromo, y allí hemos ido.
Lo primero, es fácil de encontrar aunque no haya ni un puñetero cartel, tiras por la carretera de Biniali que hay frente a Buades (no la del cementerio, la otra) y al cabo de un rato ves unas velas como de windsurf por ahí pululando. Es el aeródromo.
Ya me había familiarizado con el aspecto de un blokart a base de googlear mucho pero tengo que reconocer que vistos “en persona” parece mucho más sencillo, es una estructura metálica sobre tres ruedas, una especie de lona hace de asiento, una barra te para los pies para que no te escurras, el volante es como un manillar de bici. Tú te metes, te pones el cinturón y la botavara queda sobre ti, con la mano izquierda manejas el timón (el manillar) y con la derecha, la vela.
Pepe ha sido el afortunado debutante esta mañana, Santi ha acoplado un asiento a su blokart, en dos clicks lo ha convertido en un biplaza, le ha prestado casco, gafas de piloto y guantes, es lo básico que se necesita, ah, y llevar zapatos que no te importe estropear porque los frenos DE EMERGENCIA están en los pies.
Ninioviento y el Pirata.
Primeros pasos
Viernes …18 de enero, creo. Es igual, sé que era viernes porque es el día de mercado de Binissalem, (Mallorca). Después de la compra siempre nos juntamos a tomar unas cañas en algún bar, allí hacemos los trueques, yo llevo naranjas y pomelos que cultiva mi padre, John “el granjero” trae huevos de sus gallinas, ahora no ponen muchos pero dice que por los pomelos de mi padre las estruja con sus manazas hasta que suelten algo (eso suena mal fuera de contexto), Xiscalvira (nombre extraño que proviene de Xisca, el nombre que tenía antes y Elvira, el que se puso ella porque le dio la gana) hace pan, muy rico, bueno, nos intercambiamos material mientras circulan las Mahous.
Ese viernes caímos en Cas Hereu, cuando terminamos las negociaciones, al salir me veo a un tío con una pinta de esas que no pasa desapercibida, grandote, calvo, barba larga negra y gris… Ostrásss!!! Santi!!!
Habían pasado años desde la última vez que nos vimos, en una reunión de ex-alumnos del colegio CIDE, después de las presentaciones de rigor, bueno, yo no le presenté a nadie, él me presentó a su estupenda, Norma, me contó que tenía montada una “historia” de blokart en el aeródromo de Binissalem, yo ni pajolera de qué era eso del blokart, me explicó cuatro cosas pero me quedé igual, hasta que me pasó un par de webs en las que ya quedaba claro el tema.
No me lo pensé ni media vez, tengo un hijo de 8 años, Pepe, (Ninioviento en lo sucesivo), y teníamos que probar y, aunque ha pasado poco tiempo, todo el mundo debería hacerlo. Creedme.