Viernes …18 de enero, creo. Es igual, sé que era viernes porque es el día de mercado de Binissalem, (Mallorca). Después de la compra siempre nos juntamos a tomar unas cañas en algún bar, allí hacemos los trueques, yo llevo naranjas y pomelos que cultiva mi padre, John “el granjero” trae huevos de sus gallinas, ahora no ponen muchos pero dice que por los pomelos de mi padre las estruja con sus manazas hasta que suelten algo (eso suena mal fuera de contexto), Xiscalvira (nombre extraño que proviene de Xisca, el nombre que tenía antes y Elvira, el que se puso ella porque le dio la gana) hace pan, muy rico, bueno, nos intercambiamos material mientras circulan las Mahous.

Ese viernes caímos en Cas Hereu, cuando terminamos las negociaciones, al salir me veo a un tío con una pinta de esas que no pasa desapercibida, grandote, calvo, barba larga negra y gris… Ostrásss!!! Santi!!!

Habían pasado años desde la última vez que nos vimos, en una reunión de ex-alumnos del colegio CIDE, después de las presentaciones de rigor, bueno, yo no le presenté a nadie, él me presentó a su estupenda, Norma,  me contó que tenía montada una “historia” de blokart en el aeródromo de Binissalem, yo ni pajolera de qué era eso del blokart, me explicó cuatro cosas pero me quedé igual, hasta que me pasó un par de webs en las que ya quedaba claro el tema.

No me lo pensé ni media vez, tengo un hijo de 8 años, Pepe, (Ninioviento en lo sucesivo), y teníamos que probar y, aunque ha pasado poco tiempo, todo el mundo debería hacerlo. Creedme.