Ahora me explico, que parece un título muy rimbombante pero tiene su lógica. Me gusta comerme la cabeza, lo hago a todas horas, e incluso en algunas ocasiones saco reflexiones, algunas de ellas, pocas, llegan a tener sentido y de estas últimas, hasta me da por escribir como es el caso que nos ocupa.El placer de no tener el control, a eso he llegado pensando en el blokart, estaba haciendo tiempo ante el ordenador (otra de mis pasiones, para que voy a negarlo si es obvio) y de pronto he recordado la primera vez que galopé sobre un caballo, debía tener unos 12 años, iba con mi amiga de la infancia, Denise, su padre, Peter, nos había llevado a un rancho en Esporles para dar un paseo en grupo, recuerdo que después de un buen rato de pasear por caminitos angostos en los que nos las veíamos y deseábamos para que los caballos no resbalaran, llegamos a una gran esplanada, estábamos todos en fila ante ella, como secuaces de Billy El Niño a punto de emprenderla a “yeehaas” y tiros en el poblado que teníamos delante, sólo que no había poblado, sólo espacio.

El monitor dio la salida adelantándose con su yegua y los demás les seguimos, recuerdo que un segundo antes Denise me dijo “ahora vamos a galopar” y yo me sentí como si me hubiera dicho “ahora vamos a despegar hasta el cielo, giraremos haciendo un loop alrededor de la luna, chocaremos los cinco cuando coincidamos y volveremos aquí sin habernos despeinado las trenzas”… Y fue… algo parecido, sólo que el que giró fue mi estómago, como cuando te gusta tanto tanto una persona que te produce la sensación de estar viviendo en un ascensor de El Corte Inglés (de los que se para en cada planta).

La primera vez que cogí algo de velocidad con un blokart, fue igual, me estaba moviendo sin ayuda de un motor, sólo con energía natural, el viento, como las patas de aquel caballo, con un tipo de energía sobre el que puedo tener algún control si sé utilizarla a mi favor, pero que nunca podré imponerme al 100% porque para algo es natural y por eso la sensación de libertad es aún mayor, aunque tampoco tenga control sobre ella, pero me basta con sentirla, y cuando sientes algo que te llega tanto, es una gozada no poder controlarlo, (¿quién quiere hacerlo?) .

Dentro de un rato estaremos por el aeródromo dando unas vueltas, no sé si el día nos acompañará pero sé que Ninioviento está que se sale ante la idea de ir y además hoy veré el “estreno” de Charlie y Joan, dos niños de 10 años que andan curiosos con el tema, fotos y comentarios más tarde… ;)